Disponible: Sea Boys (Hijos del mar) por David González

Autor: David González
Título: Sea Boys (Hijos del Mar)
Género: Fantasía. Aventura. Romance gay
Longitud: Novela
Portada: Les Byerley
Idioma: español
Precio: 2.99 USD

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Un romance prohibido entre un humano y uno sireno que cambiará ambos mundos para siempre. Una versión contemporánea y gay de la conocida historia.

Matt, un hijo de Poseidón, se enamora de Kevin, un humano. No pueden vivir el uno sin el otro, pero sus mundos están prohibidos. ¿Qué será de ellos y su amor?

Una versión moderna, familiar y gayfriendly del cuento popular. Autor y cineasta de Young Talents Films, David González estaciona las historias macabras y gores para narrar pura fantasía. Un mundo mágico donde todo es posible.

Extracto:

El mar estaba en calma. Una suave brisa soplaba sobre la superficie del agua salada. El cielo nocturno y la luz de la luna se reflejaban en el océano como un cristal nítido.
Cerca de la orilla, una joven pareja se daba el lote apasionadamente. Él era un año más grande que ella y ambos estaban muy pegados, abrazados con los pies firmemente apoyados en la arena. Ninguno de los dos lo veía, pero una aleta de tiburón asomó a varios metros de distancia y los observaba fijamente.
La pareja no se daba cuenta, enzarzados en una maratón empalagosa de besos, pero la aleta se fue aproximando cada vez más hasta ellos, despacio y sin apenas hacer ruido. Lo extraño era que fuese lo que fuese no parecía tener intenciones de atacar, sino más bien de curiosear.
Cuando estuvo muy cerca de ellos, frenó la marcha y los escudriñó de cerca, en la oscuridad marina.
Estudió sus movimientos. Sus piernas rozándose bajo el agua, los brazos acariciándose sobre la superficie, el sonido de las risas transportadas hacia el interior del mar y el latir de esos corazones más rápido de lo habitual. La criatura se dio cuenta de que el macho estaba claramente excitado por la hembra.
—¿Vamos a la toalla un rato?— le dijo ella a él en tono sensual.
El chico se limitó a asentir y ambos salieron del agua bajo la atenta mirada de la criatura, divertida con la situación.
El ser marino retomó el nado y se alejó hacia el extremo opuesto, de nuevo a la orilla, pero en una zona en la que no había humanos cerca.
El mar comenzó a crear ondas expansivas en la superficie del agua, cerca de la orilla y algo comenzó a emerger del agua. Era un adolescente. No, más bien una criatura con cuerpo adolescente. Tampoco. Era un guerrero del mar de aspecto juvenil. Las tres cosas eran correctas.
De aspecto veinteañero, intensamente moreno de piel y cabello, con un cuerpo tonificado y con la cara más bella que jamás alguien podría imaginar, el hijo de Poseidón tomó aire y salió al exterior. De cintura para arriba era como cualquier mortal varón; brazos, cuello, unos brazos fuertes y totalmente lisos, un pecho marcado cuyos músculos pectorales destacaban de seguida y que mostraba un abdomen semejante a una chocolatina, y unos ojos extremadamente intensos, del color del mar. Y esos ojos tenían un extraño brillo, capaz de camelar o hipnotizar a quien esa criatura quisiese.
Su cabello era corto, cubierto de algas oscuras que le daba un aspecto entre majestuoso y mágico.
Pero de cintura para abajo ni había piernas ni pies, sólo escamas doradas y fuertes como las de un dragón y una cola de pez que aplastaría una mesa de hierro si se la golpeara con fuerza.
Además, sus brazos parecían estar protegidos hasta los hombros con armaduras doradas que le proporcionaban poder y fuerza. La armadura fácilmente podría ser confundida con la de un antiguo guerrero de Troya, pero en realidad de nuevo eran escamas doradas imposibles de atravesar.
Atrás de la criatura se creó un remolino repentino de agua que susurraba en la superficie y creó fuertes ondas expansivas por toda la orilla.
Cualquiera lo habría visto. Menos mal que no había nadie cerca, y el único visitante que había cerca se encontraba en bañador, durmiendo profundamente tumbado sobre su toalla y sin enterarse de nada.
Del remolino de agua también emanó otro ser, esta vez más grande y varonil. Doble de estatura, cuerpo peludo y musculoso y una corona de algas doradas y brillantes en la sien.
—¡Hijo! ¿Dónde crees que vas?— le preguntó ese ser a la criatura más joven.
—Me marcho, padre. Ya estoy harto. Quiero probar experiencias nuevas y conocer un poco de mundo— respondió la criatura joven, con la voz más dulce y embelesadora que jamás se pudiese escuchar, capaz de enamorar a cualquiera sólo con oírlo unos segundos.
—¿Probar experiencias nuevas? ¿Con los humanos? Debes estar bromeando. Sólo se dedican a destruirse entre ellos, no valoran nada ni aprecian sus materiales ni sus elementos—
—Eso ya lo sé, padre. Me lo has dicho infinidad de veces. Pero como tú siempre has dicho, quiero juzgar por mí mismo— pondió el joven, coleteando en el agua con su parte inferior para mantenerse a flote sin dejar de mirarle.
—Vamos, vuelve a casa y déjate de absurdeces. Ya conoces las normas del mar, hijo—
—Pues por eso mismo me quiero ir, padre. Estoy harto de vivir con tantas normas, con leyes absurdas a las que no encuentro sentido, de acatar las órdenes de la Reina sin entender por qué, de no poder ser yo mismo, y de repetir siempre las mismas rutinas. Me siente asfixiado, padre. Sólo te pido unos días. Airearme.
—¿Y vas a pasar esos días de respiro con la humanidad? ¡Te volverán loco!
—Sobreviviré. Me mezclaré con ellos y aprenderé sus costumbres. Vamos, padre, ¿qué puede pasar?—
—Ya está bien. He escuchado suficientes tonterías. Vuelve a casa de inmediato.
—No, padre. Esta vez no. Me decisión es firme e inamovible. Pasaré unos días en la tierra y cuando me sienta de nuevo relajado y renovado, regresaré al mar.
—¿Me estás desobedeciendo? —exclamó su padre, dando tal grito que el cielo tronó y el mar se revolvió levemente, pareciendo que se iba a formar de repente olas.
—No, padre. Simplemente te digo que regresaré en unos días. Desobedecerte sería decirte que no volveré jamás al mar.
—Soy Poseidón, dios del mar y el padre de Los Hijos del Mar. ¡Y te exijo que regresas a casa de inmediato! —exclamó alzando ambas manos, y tras un fuerte destello un tridente fantasmal y brillante como el oro apareció en su mano izquierda, amenazante.
—Padre, puedes crear tormentas, maremotos, huracanes, tornados o un tsunami. Pero no regresaré hasta dentro de unos días. Se acabó el obedecer ciegamente las órdenes. Quiero unas vacaciones y las voy a coger.
—¡Siempre has sido un tozudo, hijo del mar! ¿Qué pensarán tus hermanos? ¿Qué le diré a la Reina?—
—No lo sé. Pero seguro que se te ocurre algo genial para ganar unos días. Adiós, padre. Te veré pronto. No te enfades mucho — respondió la criatura.
La criatura joven y bella emergió del agua bajo la atenta e impotente mirada del padre, quien a pesar de su dureza, jamás haría daño a su propio hijo. Y de repente, su cuerpo se volvió transparente, como si fuese agua en forma de criatura del mar y se moviese sola.
Salió del mar tomando tierra firme y avanzó despacio hasta pisar arena seca de la playa. La masa acuática volvió a tomar forma humana y esta vez tanto su cola de pez como su cuerpo de escamas desaparecieron dejando lugar a unos pies fuertes y humanos, aunque algún resquicio de escama aún asomaba si te fijabas bien.
A pesar de que se podía decir que estaba desnudo, la zona de los mulos hasta la cintura eran escamas doradas, como si fuera un bañador dorado en forma de pez.
—¡Eres terco, Hijo del mar! —bramó Poseidón mirándole, y sin querer seguir ahí ni un segundo más, hizo destellar su tridente y un remolino de aire envolvió su cuerpo de cintura para arriba, lo convirtió en masa acuática y se deshizo cayendo al agua. Pareció que ese fuerte remolino de agua fuese absorbido por debajo por una fuerza sobrenatural, y desapareció.
El mar volvió poco a poco a la calma y el cielo regresó a su estado anterior, tranquilo.
El hijo del mar se aproximó despacio a ese chico dormido sobre su toalla y vio una camiseta y unos pantalones cortos que le serían de gran ayuda.
Extendió la palma de su mano apuntando hacia esas prendas y de su palma emanó un chorro de agua que avanzó como una cuerda hacia esas prendas, se extendió sobre ellas y copió mágicamente su textura, su forma y su composición. El chorro acuático se materializó en dos clones de esas prendas y la criatura las cogió y se las puso, vistiéndose.
La criatura del mar estudió las vistas que se postraban ante él; edificios altísimos, carreteras, coches, luces y humanos paseando.
—Por fin voy a conocer de cerca la tierra. Veamos cómo son estos humanos —declaró para sí mismo, deseoso de emprender esa aventura.

About Sedonia Guillone

Pubished author of lgbt and m/f romance. Ghostwriter and editor with fifteen years' experience. Publisher of two imprints, Ai Press for romance and Kokoro Press for mainstream, gay fiction, spiritual and memoirs.
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