Disponible en español: Eternamente Audaz por Jeff Erno

Eternamente Audaz23Eternamente Audaz
Autor: Jeff Erno
Serie: Eternamente Vampiro
Libro anterior: Eternamente Joven
Género: Romance gay, Juvenil, M/M, Romance paranormal, Vampiros
Extensión: Novela
eISBN: 978-1-937796-93-8
Índice de clasificación: 3 Llamas
Precio: 4.99 USD

Portada: Les Byerley

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La saga Eternamente Vampiro continúa…

A raíz de la indescriptible masacre, Robbie y Colt han escapado a las tierras salvajes de Alaska para hacer frente a su futuro inmortal. Las cosas no son tan seguras para sus enemigos jurados, Dylan e Issa, los soldados Matarianos juraron cazarles y matarlos.

Dylan está a punto de comenzar su primera cacería de vampiros y quiere que Issa sea su compañero, pero Issa está mucho más preocupado por encontrar a su hermano y rastrear al chico rubio que casi muere en el campo de batalla. Todo el elenco del primer libro se reúne en esta emocionante continuación de su historia, junto con una serie de nuevas caras —amigos y enemigos— cuyas vidas se entrelazan de alguna manera, y se cruzan en sus esfuerzos para luchar contra el mal y alcanzar su propia felicidad. Humanos, cambiaformas, caminantes diurnos y vampiros de sangre pura se enfrentan entre sí con la orientación de tres hermanas enigmáticas —una ménade, una nigromante, y una bruja humana la tercera—. Giros argumentales y sorpresas marcan los caminos de estos personajes diversos, siempre audaces en su afán por aferrarse a todo lo que aprecian.

Extracto:

Capítulo Uno

Se despertó gritando, como había hecho casi cada vez que intentaba dormir. Las vívidas imágenes se reproducían en su cabeza como un rollo de película. Implacables gráficas pesadillas, o más precisamente, flashbacks. La doctora dijo que sufría de estrés postraumático, pero ella no sabía ni la mitad.

Los medios locales habían cubierto la historia, etiquetándola como un extraño ataque de lobos en el que dieciocho campistas habían muerto y otras dos docenas resultaron heridos. Issa sabía la verdad. Todos la sabían, todos los testigos. Había habido un ataque de lobo, de acuerdo, pero esos no eran lobos ordinarios. Y a raíz de la confrontación, habían dejado una carnicería como nada que Issa pudiera haber imaginado. Había partes del cuerpo esparcidas por todas partes, de tal forma, que muchas de las víctimas no eran ni siquiera reconocibles.

Peor que estas imágenes horribles eran los recuerdos de Issa de los asesinatos de vampiros. Pensó que había estado preparado. Había aprendido todas las lecciones, había completado horas de prácticas de tiro al blanco, e incluso había visto vídeos gráficos. Claro, sabía que sería sangriento, y sabía que desgarrar el corazón de un vampiro de su pecho no era trabajo para aprensivos. Sin embargo, no había nada que pudiera haberlo preparado para verlo en vivo y en directo.

Si algo sabía con certeza, era el hecho de que él no estaba hecho para el trabajo. No tenía ningún deseo de ver otra vez lo que había presenciado esa noche, y definitivamente no era un asesino de vampiros.

La onda expansiva de conmoción se había trasmitido a través de la comunidad Matariana cuando el rumor de la tragedia se extendió rápidamente. Se había convocado una reunión de emergencia para evaluar las pérdidas y para discutir una adecuada respuesta. La devastación afectaba a todas las familias Matarianas, pero más significativamente a los que habían perdido a un ser querido joven.

Issa conocía a todas las víctimas. Habían sido sus compañeros de clase. Sus compañeros de clase de dieciséis años. El campamento de instrucción militar era un rito Matariano de iniciación, uno con el que cada niño Matariano estaba ilusionado. Esta coyuntura crucial proporcionaba la transición de las fantasías juveniles de asesinos de vampiros a la realidad del trabajo real de campo. La finalización de la formación militar culminaba con una ceremonia de graduación, seguida de las asignaciones de las primeras cacerías de los cadetes.

Pero no había habido ninguna ceremonia este año. En lugar de ello, toda la comunidad se reunió para un enorme servicio conmemorativo. Incluso los asesinatos de vampiros logrados con éxito, normalmente una causa de gran fiesta, no habían compensado las trágicas pérdidas.

—Es una guerra —dijo el padre de Issa con calma—, y la gente muere en las guerras.

—Niños, Ibrahim. No eran más que niños —señaló su madre.

Tristemente, Issa conocía a muchos en la comunidad que compartían los sentimientos de su padre. Más que hacerles vacilar e incitarles a contemplar los asesinatos sin sentido, la tragedia les había enfurecido y les hizo aún más sanguinarios. Hablar de venganza ya corría como la pólvora, y ahora un nuevo enemigo se había añadido a la lista. Los Matarianos no solo luchaban contra los vampiros, sino también con los hombres lobo.

Las muertes de los compañeros de hermandad de Issa pesaban sobre su corazón, sin embargo, él no anhelaba venganza. De hecho, no culpaba a los vampiros ni a los lobos. Sabía por qué habían venido. Se encontraban en una misión de rescate, estaban allí para liberar a los prisioneros que los Matarianos estaban cruelmente torturando. Cuando fueron asaltados por un ejército de cadetes listos para la batalla, ellos respondieron, y se perdieron muchas vidas.

Y la tragedia había acontecido en ambos sentidos. Al menos cuatro desde el otro lado habían sido heridos de muerte, un lobo, dos vampiros, y un humano. Issa había oído los jubilosos aplausos de sus compañeros guerreros Matarianos cuando los dos vampiros fueron eliminados, y el recuerdo le ponía enfermo. Brendan y Richard eran pareja, y se habían amado mucho. Habían permanecido juntos durante años —por lo menos décadas, si no siglos—.

Para Issa, su relación no parecía tan diferente a lo que él compartía con Dylan. De acuerdo con las enseñanzas Matarianas, los vampiros eran monstruos chupasangres, ni siquiera humanos, y la mayoría de las personas no pensaban que fueran en realidad ni siquiera capaces de amar. Impulsados únicamente por su hambre, las relaciones personales les eran secundarias. En la mayoría de los casos, eran criaturas solitarias que existían solo con el propósito de alimentarse. Máquinas de matar, y nada más.

Pero Issa descubrió lo contrario. Lo sabía por su conversación con Brendan, porque había visto cómo Richard había reaccionado cuando se reunió con su amante. Y había sido testigo de una conexión similar entre el vampiro de aspecto juvenil y el humano —el pequeño chico rubio—. Jesús, no parecía mayor que los cadetes. ¿Era Robbie?

El vampiro estaba enamorado del chico. Issa solo podía especular sobre lo que había sido de ellos. Tal vez habían llegado a un lugar seguro al final, pero si fuera así, eso implicaría que Robbie había sido convertido. Seguramente no habría sobrevivido a una flecha atravesada en el corazón.

Issa no quería saberlo. No podía soportar la posibilidad de que el chico, obviamente enamorado, se hubiera sacrificado por su amante. E incluso si de alguna manera se había salvado, no quería pensar en lo que eso significaría. Serían objetivos. Blancos fáciles. El ejército Matariano ya estaba planeando una guerra total, un ataque masivo y tajante como represalia. Estaban decididos a erradicar a todos los vampiros del mundo entero, de una vez por todas.

Pero los ancianos ni siquiera sabían toda la historia. Solo Dylan e Issa eran conscientes de todo lo que había sucedido esa noche. Eran los únicos Matarianos en ser testigos de la presencia de Raoul y Shadi.

—No puedes contarlo —había declarado Issa—. Si se enteran, les buscarán y matarán a mi hermano.

—Issa, él ya no es tu hermano. —Dylan trató de razonar con él—. Es un vampiro de sangre pura. Ni siquiera es humano, y no tiene ninguna lealtad a ti o a tu familia.

—¿Y si fuera tu hermano?

Dylan dio un paso atrás, y luego asintió lentamente. Issa sabía la intimidad que compartía Dylan con su hermano Taylor. Nunca le daría la espalda a su propia carne y sangre, sin importar las circunstancias. Por último, suspiró. —Está bien, no lo contaré. Pero esto tiene que terminar aquí. Desde este punto en adelante, Shadi ya no existe. Por lo que a nosotros respecta, se ha ido para siempre.

Issa estuvo de acuerdo, pero no verbalizó una respuesta. Nunca podría hacer tal promesa, ni siquiera a Dylan. Shadi era su hermano, e Issa no podía fingir que estaba muerto. Aunque tal vez no fuera posible de inmediato, un día encontraría a su hermano y tendrían su encuentro. Mientras tanto, tenía que hallar una manera de perdonarse a sí mismo por todo lo que había sucedido. De alguna manera tenía que hacer que las pesadillas se detuvieran para poder seguir con su vida, y para poder concentrarse en su futuro con Dylan.

Mientras yacía solo en su cuarto a oscuras, pensó en estas cosas y se quedó mirando fijamente al techo. —Te encontraré de nuevo, Shadi —susurró.

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